Contexto y perspectiva de la gestión de residuos sólidos por la sociedad civil.

22/08/2020 às 13:13
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La sociedad civil como agente activo en la gestión de los residuos sólidos urbanos tiene el deber de participar en todas las fases del descarte de la basura producida como forma de preservacion del medio ambiente y de las futuras generaciones.

       La gestión de residuos sólidos significa adoptar un conjunto de acciones adecuadas en las etapas de recolección, almacenamiento, transporte, tratamiento, destino y disposición final ambientalmente aceptada, objetivando la minimización de la producción de los mismos de manera que   preserve la salud pública y la calidad del medio ambiente. A pesar de la responsabilidad por el servicio ser de los poderes públicos, esta postura debe ser también del individuo que muchas veces no corresponde o por falta de interés o por falta de información.

       Un avance en el sentido de cambiar esa realidad sería la búsqueda de la participación de la sociedad civil en la planificación y gestión de los residuos sólidos urbanos, es decir, descentralizar aún más el poder estatal para tratar este asunto, o, mejor dicho, involucrar a la sociedad como un todo en las decisiones ejecutivas sobre residuos sólidos urbanos que ella misma genera y así establecer soluciones en este sentido.

         La participación popular se constituye en un importante factor para la mejora de los servicios relacionados con la gestión de los residuos sólidos urbanos, así como para otras actividades, porque quita el ciudadano de la posición   pasiva del proceso de planificación y gestión para ser una posición efectiva como agente modelador de soluciones. Sin duda, la población debe se involucrar con mayor ahínco en la gestión de los residuos domiciliarios, pues dentro de la tipología de los residuos, generalmente la basura doméstica se perfila como la de más difícil gestión. “La grande la cantidad generada, la variedad de los materiales componentes y la producción a ser levantada constantemente complican bastante la aplicación de un buen servicio “(BERRÍOS, 1997, p. 236).[1]

          Esto no significa que la población debe quedar ajena a las otras tipologías de residuos sólidos urbanos como el de los servicios de salud, la industria, etc. En relación a éstos, los cuales compiten al generador para gestionarlo, la población debe estar atenta y fiscalizar si las normas técnicas y el marco se están cumpliendo de manera satisfactoria. En caso de que las normas se están descuidando, la sociedad debe posicionarse de manera crítica y presionar al poder público y también al propio generador de los residuos para que los responsables se ajusten a las normas legales.

        El aumento de la generación de residuos sólidos urbanos, especialmente en los grandes centros, resultante del crecimiento de la población, asociado al poder adquisitivo y el consumo de productos con embalajes desechables como papel, plástico, vidrio y metal, ha disminuido la vida útil de los rellenos sanitarios y provocó mayores impactos ambientales (Rocha, 2012).

     Se sabe que la extracción de recursos naturales para producir bienes de consumo y la producción de residuos sólidos causan innumerables daños al medio ambiente. Sin embargo, se percibe que existe una conciencia de que para reducir la generación de residuos es necesario cambiar los patrones de producción y consumo, como medio de minimizar los impactos ambientales, a través del uso sostenible de los recursos naturales y del consumo consciente (Bensen, 2006).[2]

      Esos son, a lo mejor, los retos más importantes en el mundo capitalista que vivimos. Cambiar comportamientos por veces no es nada sencillo y para ello es importante la intervención adecuada del Estado a través de sus instrumentos y poder de fiscalización. 

       Además, para minimizar estos efectos negativos al ambiente, es fundamental realizar una gestión adecuada de los residuos sólidos producidos por la población, por lo que la recolección selectiva se configura como una alternativa ambientalmente correcta y sostenible de reciclaje de la basura, pues disminuye el volumen de depósito de los residuos en los vertederos, y se evita el descarte en lugares inapropiados que degradan el medio ambiente (Rocha, 2012).[3]

       En este contexto, el desafío es reducir la producción excesiva de los residuos sólidos y por medio de la recolección selectiva realizar el reaprovechamiento de los materiales reciclables, con el fin de minimizar el descarte de esos residuos en rellenos sanitarios o en lugares inapropiados que perjudiquen la salud pública y el medio ambiente. Por lo tanto, la recolección selectiva, entre otros, “tiene un papel fundamental en la gestión de esos residuos, pues aumenta la conciencia de la población que crea el hábito de separar la basura (orgánica del reciclable), promueve la educación ambiental para reducción del consumo y del desperdicio, genera oportunidades de trabajo y renta, además de la economía en el uso de los recursos naturales” (Bensen, 2006).

     El proceso de construcción de los Planes de Gestión de Residuos Sólidos deberá llevar a cambios de comportamiento de la sociedad como un todo. En ese sentido, el diálogo tendrá un papel estratégico, y será más eficiente si ocurre con grupos organizados y entidades representativas de los sectores económicos y sociales de cada comunidad o región. Con la responsabilidad compartida, directriz fundamental, todos los ciudadanos y ciudadanas, así como las industrias, el comercio, el sector de servicios y las instancias del poder público tendrán una parte de la responsabilidad por los residuos sólidos generados.

     La participación social representa un gran desafío para la construcción de sociedades democráticas. Esto es lo que constituye un instrumento para evaluar la eficacia de la gestión y la mejora continua de las políticas y servicios públicos por parte de la población; presupone la convergencia de propósitos, la resolución de conflictos, el perfeccionamiento de la convivencia, y la transparencia de los procesos decisorios centrándose en el interés de la colectividad.

     El poder público debe asumir un papel directivo y provocador de ese diálogo con la sociedad, por intermedio de las diferentes formas de participación social en el mismo. Las reuniones deberán prepararse, organizarse y convocarse por los agentes públicos con la ayuda y participación de los representantes de la comunidad. Tanto para el desarrollo de los planes estatales, como de los planes municipales e intermunicipales, el poder público debe ser el responsable de mantener vivo el interés de los participantes, y por garantizar la estructura física y equipos necesarios para satisfacer las necesidades de todo el proceso de movilización y participación social. Crear estímulos a la participación de la sociedad para discutir las políticas públicas es de gran importancia para el fortalecimiento o la construcción de organismos de representación para el control social. El pleno conocimiento de la información sobre que será discutido es básico para que la movilización sea ​​eficiente. Producir un documento didáctico y atractivo y promover su amplia divulgación hará con que un mayor número de interesados ​​tenga acceso a su contenido.

        El Estado, por lo tanto, debe establecer las líneas generales de funcionamiento del sistema, regulando y fiscalizando la acción de los otros actores en el proceso de gestión, así como estimular y hacer viable la participación del poder económico y de la sociedad civil en todas las iniciativas del sector.

      Dado el gran poder de acción presentado por los actores hegemónicos en la sociedad contemporánea, pensar en la gestión de los residuos sólidos urbanos ciertamente debe incluirlos, aunque esta esfera esté manifestando ciertas contradicciones entre sus acciones y la sostenibilidad ambiental. Una primera discrepancia a destacar es el hecho de los grandes actores los hegemónicos son los mayores beneficiados y poseedores de poder con el desarrollo del sistema capitalista. Dentro de la lógica capitalista el estímulo el consumo, la creación de necesidades y la volatilidad del deseo son características inherentes al sistema.

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   Pues bien, estas características intrínsecas al sistema capitalista son incompatibles con determinados conceptos y medidas que deberían tomarse para buscar la sostenibilidad ambiental. Un ejemplo emblemático de este hecho puede ser destacado tomando como base el concepto de los R's - reducir, reutilizar y reciclar. Ya el primero "R" muestra el desajuste entre la acción empresarial y la reducción del consumo - uno de los pilares para minimizar los problemas de los residuos sólidos urbanos. Aunque para el empresario el concepto de reducción esté vinculado, primordialmente, con la cuestión del consumo de energía y las materias primas, el hecho de que haya un crecimiento exponencial en el consumo de la población y una drástica reducción en la vida útil de los productos potenciará la generación de residuos. Por lo tanto, la cuestión es: ¿cómo compatibilizar la reducción en el consumo y consecuentemente la generación de residuos sin comprometer el sistema capitalista?

     Para Schmidheiny (1992) debe haber una modificación en los instrumentos económicos existentes, principalmente en los países subdesarrollados o en desarrollo, desalentando la degradación ambiental. El autor defiende su idea de la siguiente forma:

Antes de que los nuevos instrumentos entren en acción, sin embargo, dos cosas deben suceder. Los instrumentos ya en vigor que realmente estimulan el desperdicio de recursos y la se debe eliminar la degradación del medio ambiente. Ellos incluyen, entre otras cosas, la ralentización de los impuestos en el caso del derribado de bosques con fines agrícolas, subvenciones para la energía, el agua, los pesticidas, los fertilizantes, etc. (A pesar de que en muchos países en desarrollo, especialmente en África, el problema reside en la infrautilización, y no en el uso excesivo de productos químicos en la agricultura). En muchos casos, los subsidios destructivos propician mayores beneficios económicos a los ciudadanos más ricos, capaces de utilizar grandes cantidades de agua, energía y productos químicos subsidiados; por lo tanto, su eliminación representa una medida progresiva.

     Dupas (2005) hace otra lectura de la realidad. Para este autor los incentivos dados por las naciones e incluso por los municipios, según Compans (2005), forman parte de una lógica global estimulada por los actores hegemónicos en busca de ventajas crecientes para su producción. Así, la guerra fiscal entre naciones, Estados y municipios se extiende a cuestiones de regulación ambiental, donde las empresas, a través de su “opción-salida”, presionan las esferas públicas a conceder exenciones y ventajas, de lo contrario abandonan el territorio y se desplazan para áreas donde existan mayores atractivos para la reproducción del capital:

El poder estatal se origina del control que éste ejerce sobre el territorio, incluida la población y los recursos naturales. Sin embargo, el poder de la economía global no tiene locus territoriales, desplazarse por los espacios globales, lo que le permite maximizar la dominación ante los Estados simplemente ejerciendo la opción-salida y estimulando continuamente la competencia entre Estados ávidos de sus inversiones (DUPAS, 2005: 81-82).

      La existencia de estas discrepancias no significa que los actores económicos no puedan dar ninguna contribución a la gestión de los residuos sólidos. De hecho, muchas grandes empresas se muestran preocupadas por el hecho medio ambiente, mismo que esta preocupación sea resultado de intereses económicos arriba del todo.

Bibliografia: 

BENSEN, G. R., & Jacobi, P. R. (2011). Gestão de resíduos sólidos em São Paulo: desafios da sustentabilidade. Revista Estudos Avançados, 25(71), p. 135-158.

BERRÍOS, M. R. O lixo nosso de cada dia. In: CAMPOS, J. O; BRAGA, R.; CARVALHO, P. F. Manejo de resíduos: Pressupostos para a gestão ambiental. Rio Claro: LPM/UNESP, 2002. p. 09-39.

DUPAS, G. Atores e poderes na nova ordem global: Assimetrias, instabilidades e imperativos de legitimação. São Paulo: Editora UNESP, 2005.

ROCHA, D. L. (2012). Uma análise da coleta seletiva em Teixeira de Freitas – Bahia. Revista Caminhos de Geografia, 13(44), p. 140-155.

SCHMIDHEINY, S. Mudando o rumo: uma perspectiva empresarial global sobre desenvolvimento e meio ambiente. Rio de Janeiro: Getúlio Vargas, 1992.


[1] BERRÍOS, M. R. O lixo nosso de cada dia. In: CAMPOS, J. O; BRAGA, R.; CARVALHO, P. F. Manejo de resíduos: Pressupostos para a gestão ambiental. Rio Claro: LPM/UNESP, 2002. p. 09-39.

[2] BENSEN, G. R., & Jacobi, P. R. (2011). Gestão de resíduos sólidos em São Paulo: desafios da sustentabilidade. Revista Estudos Avançados, 25(71), p. 135-158.

[3] ROCHA, D. L. (2012). Uma análise da coleta seletiva em Teixeira de Freitas – Bahia. Revista Caminhos de Geografia, 13(44), p. 140-155.

Sobre o autor
Kepler Santos Lima de Brito

Advogado, Especialista em Direito Público pela Federação Escola Superior do MP - Fesmp/RN e Especialista em Direito Ambiental pela Universidade Potiguar - UnP. Mestre em Meio Ambiente: Dimensões Humanas e Socioeconômicas pela Universidade Complutense de Madrid - ES.

Informações sobre o texto

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