SUMARIO: 1- Introducción. 2- Los significados culturales. 3- Las circunstancias sociales actuales. 4- Conclusión. 5- Bibliografía consultada.


1. INTRODUCCIÓN

La representación de la identidad [01] surge, principalmente, de los "conceptos culturales" [02] que nortean los parámetros en los que la identidad debe señalarse. Normalmente estos conceptos se originan de los significados que la clase dominante impone a un determinado grupo social como la verdad. Así, como la representación de la identidad es un reflejo de un momento cultural particular, este dinamismo propio de la cultura viene a cambiar también la representación de la identidad, demostrando que como se desarrollan los cambios sociales, por consiguiente se modifican las varias nociones de identidad que un mismo individuo puede tener en su relación con la sociedad [03].

El multiculturalismo, como un movimiento social que surgió con la idea de proponer un replanteamiento de interpretación de la realidad social, vino para dimensionar la interpretación de esta realidad a partir de la teórica de las ciencias sociales aplicadas, entre ellas el Derecho, a partir de un nuevo enfoque de los significados culturales y, así, de la identidad de los sujetos.  De esa manera, el multiculturalismo [04], dirigiéndose a una nueva concepción de sociedad basada en la descripción del objeto por la lenguaje, sugiere que, cuando se regulan las relaciones de poder que estructuran la sociedada, deben las mismas ser hechas a través de un diálogo racional guiado por la alteridad.

El género [05] es entendido aquí como el sistema de clasificación binaria que divide los seres humanos en dos grandes grupos, hombres y mujeres, y que están directamente relacionados con dos sexos biológicos, machos y hembras, una división que da lugar a la adopción obligatoria de comportamientos y roles sociales fijos, respectivamente establecidos para cada uno de los dos. El hecho es que el género no es un hecho de la naturaleza, sino una institución creada por la sociedad como una condición básica para su propia existencia. Es a partir del eje masculino/femenino que el poder se organiza y se establecen todas las otras polaridades y diferencias existentes dentro de la sociedad [06].


2. LOS SIGNFICADOS CULTURALES

La cultura, considerada como la gama de conocimientos adquiridos por el hombre a través de sus experiencias en el ambiente social o individualmente en el transcurso del tiempo, resulta de la necesidad de dotar de sentido el mundo real al cual el ser humano está ligado y, por lo tanto, permitiendo a los hombres la auto-referencia y la identificación [07] en relación con los otros hombres y con la naturaleza que los rodea. Así, reconocemos que, específicamente en las relaciones entre hombres y mujeres, la cultura se hace de prácticas de significación que buscan comprender y definir la realidad social, en la cual la relación entre el hombre y la mujer se caracteriza principalmente por la representación de la identidad que uno hace por el outro [08].

Las prácticas de significación son hechas a partir de sentidos o significados organizados en sistemas estructurales formados por marcas lingüísticas, donde estos sistemas de signos forman los textos cultural es que, a su vez, formarán las características de un determinado grupo social. Es importante señalar que el esencialismo [09], que había sido durante mucho tiempo el delimitador de la estructura social jerárquica, hoy ya no es posible, porque no se puede negar que la cultura está marcada por el dinamismo y, por lo tanto, no puede ser vista como una estructura predeterminada, principalmente debido a la imposibilidad de limitación del conocimiento, elemento clave en el mantenimiento del poder que, desde mucho tiempo y en todas las sociedades del planeta, fue controlado por los hombres.

El conocimiento es visto como sinónimo de poder cuando se considera el conocimiento como la habilidad de descifrar los signos y códigos culturales. Esto ocurre porque, como estos códigos son utilizados como factores de cohesión social de un grupo y como una manifestación cultural a través de las prácticas de significación, es posible que a través de una comprensión del significado de estos códigos culturales se puede desestabilizar la estructura social de un determinado grupo humano. Esta desestabilización se hace, o por declaración falsa o por el reemplazo de los valores que los elementos culturales significan en el mantenimiento del grupo, permitiendo más fácilmente que el grupo hegemónico abrumar al grupo más débil (las mujeres).

En la actualidad las incertidumbres marcan la crisis y, por consiguiente, un cambio de paradigma en la determinación de la identidad de gênero o, en otras palabras, en qué medida la clasificación de una sociedad basada en diferencias de género pueden dificultar el desarrollo social, ya que las mujeres siempre han sido vistas como seres intelectualmente inferiores [10]. Así, para el individuo ya no es suficiente su reconocimiento por su característica de género, sino como un elemento unico, necesario y poseedor de la responsabilidad de participar de una transformación positiva para toda la sociedad.

La identidad de género [11] tiene dos características esenciales, su construcción a partir de una conceptualización originaria de cuál es la función del hombre y de la mujer en la sociedad y el significado que ellos tienen en la relación con el contexto social. Para conceptualizar cualquier identidad es necesario que ella esté representada frente a otras identidades y, así, la representación de la identidad se deriva de la imposición de significados de los sujetos sociales, en otras palabras, el significado que los hombres y las mujeres [12] tienen en una sociedad determinada en un determinado momento histórico. El hecho es que, la creación y la imposición de significados a estos sujetos permite el establecimiento de las ideologias que vinculan los hombres a ciertas condiciones sociales, que son las que traen los mayores privilegios del poder (político, económico y religioso), y las mujeres se quedan con las cuestiones consideradas socialmente menos importantes (la familia).


3. LAS CIRCUNSTANCIAS SOCIALES ACTUALES

La Sociedad de los siglos XX y XXI está marcada por la influencia de la globalización, que destituyó de la identidad sus características homogéneas y que, por eso, resultó en favor de las circunstancias sociales de género una desestratificación de la sociedad. Por lo tanto, como puede verse, la "globalización econômica" [13] ha cambiado la estratificación de las funciones sociales en razón del gênero, pues trajo reflejos emancipatorios para las mujeres en la sociedad.

El concepto de identidad, a partir de un análisis sociológico del sujeto, donde la persona representa el verdadero "yo" y que realiza cambios en el mundo exterior. Hoy en día la "percepción de hombres y mujeres" [14] es de que ellos son sujetos utilitarios a la sociedad, pero con autonomia para elegir las funciones que van a realizar en la sociedad. Innegable es que los sujetos en las sociedades democráticas, como se identifica en la sociedad brasileña, tienen distintos conceptos sociales, pues los indivíduos, principalmente por la aceleración de las relaciones económicas y interpersonales de carácter nacional y internacional, convierte las personas en multi-sujetos, pues llevan a cabo diversas funciones sociales, especialmente las mujeres que cuidan de la familia, trabajan y participan de la vida política de la sociedad, lo que refleja que el hombre viene perdiendo espacio en el control social.

Hombres y mujeres de hoy se caracterizan por la influencia que sufren de los constantes cambios culturales impuestos por el contexto social. Estos constantes cambios culturales también alteran los significados sobre la realidad social de hombres y mujeres. Según la comprensión de Stuart Hall [15], se establecieron, esquemáticamente, cinco grandes etapas de descentralización de los sujetos, la primera fue el cambio del pensamiento de Marx, la segunda fue el surgimiento del pensamiento de Freud, la tercera fase fue la lingüística, la cuarta etapa está representada por el poder disciplinario y la última fase se caracteriza por los movimientos sociales. Así, las "mujeres modernas" [16] han cambiado su representatividad social, que inicialmente lograron una mayor representación en las funciones sociales con los movimientos feministas y, en la actualidad, a través de una mayor participación en la cúpula de la jerarquía social (cargos políticos y en el Poder Judicial).

La participación en la vida social es el camino de acceso a los valores universales y la ciudadanía, de manera que para la obtención de la participación en la vida social hay tres requisitos básicos: el control de las pasiones por la razón individual, el monopolio de la violencia legítima ejercida por el estado y el domínio de la naturaleza por el conocimiento científico [17]. Así, clasicamente, el individuo no era la preocupación central de las actividades sociales, esto porque el mantenimiento de la propia sociedad (el conjunto social) era lo más importante.

En el contexto de una sociedad en constante transformación, las historias de las vidas privadas de los sujetos se construyen en función de una mayor dependencia de las relaciones interpersonales que como resultado de los proyectos previstos por las instituciones oficiales. Es importante señalar que las prácticas culturales producen las identidades sociales y estas identidades son resultado de un proceso de producción de la diferencia, de manera que la diferencia es lo que establece la jerarquización social (creación de puestos superiores y inferiores) [18].

El movimiento cultural llamado multiculturalismo, surge a partir de los años 90, debido a una reestructuración de las políticas económicas, religiosas y culturales dirigidas contra el modelo marxista de la formación social basada en una estructura jerárquica entre opresores y oprimidos. Estos nuevos modelos de interpretación de la realidad social, a partir de la teoría de las ciencias sociales aplicadas, entre ellas el Derecho, vinieraon a traer un nuevo enfoque sobre la cultura y, por lo tanto, la representación [19] de la identidad social del sujeto.

Esta nueva concepción de la realidad social indica la construcción del sujeto a partir de una vision antropologica y no más social. Por lo tanto, al proponer esta nueva concepción de la sociedad, el multiculturalismo se presenta como una referencia de base a un lenguaje descriptivo, esto es, la descripción del sujeto a partir del lenguaje, dando lugar a la creación del sujeto en consecuencia de su propia interpretación.

Los valores [20] asignados a objetos o sujetos son relativos, de manera que cuando se juzga o se describe alguno de ellos siempre hay que interpretarlos frente al contexto cultural discursivo en que ellos están insertos. Esta asignación de valores, cuando impone verdades importantes, siempre dependerá de una convención colectiva. Así, la formación de las verdades colectivas dependen de cuestiones políticas, por lo que podemos decir que el propio conocimiento es un hecho político.

La principiologia multicultural está caracterizada por la necesidad de descubrir los mecanismos de "construcción de las relaciones de poder" [21] y, por el diálogo, se pueda tratar de ver en un otro sujeto la posibilidad de una nueva racionalidad, donde la gente puede tener el derecho a ser iguales siempre cuando la diferencia parece hacerlas inferior. Por el análisis de las relaciones de poder que construyen la identidad moderna se percibe que estas relaciones de poder terminan por influir en las interpretaciones de la realidad y siempre son hechas por razones de conveniencia de los grupos sociales dominantes que, con este fin, hacen uso de herramientas políticas, económicas, sociales y religiosas.

Por lo tanto, el multiculturalismo, después de la "fragmentación del sujeto" [22] provocada por la necesidad de una globalización intercultural y económica surge como un instrumento social que busca fomentar una realidad social, y en ese intento, se guía por una racionalidad y bases epistemológicas para la protección efectiva de los derechos humanos fundamentales. Este concepto de identidad que ofrece el multiculturalismo, guiados por la alteridad, que trata de representar la identidad a través de símbolos que se establecen intencionalmente por el deseo de afirmar o identificar o describir los otros y no por la imposición del estado de un sistema de significados de los sujetos sociales estructuralmente predefinidos.

La identidad se caracteriza por su existencia relacional, es decir, sólo puede considerarse si se compara con otra identidad más allá, de modo que podemos decir que la identidad está marcada por la diferencia [23]. Por tanto, debido a los constantes cambios en la sociedad, el momento presente que identifica la identidad de los hombres y las mujeres es limitada por las referencias culturales del pasado que estos dos grupos tenían en el desarrollo de la sociedad. Por lo tanto, es evidente que la identidad no es un concepto fijo, su construcción está vinculada al dinamismo cultural [24].

En el ámbito de la política se puede visualizar las identidades entrando en crisis cuando uno comienza a cuestionar las estructuras sociales tradicionales basadas en las relaciones de clase y poder que vinculan el individuo a una nación. En este sentido, es importante subrayar que son las crisis de identidad social que han llevado los hombres y mujeres a buscar en su historia social los fundamentos para la reafirmación de su identidad en el medio social y la justificación para la concesión de nuevos derechos.


4. CONCLUSIÓN

La complejidad de la vida moderna, actualmente marcada por la globalización o transnacionalización de los derechos económicos, culturales y políticos, es resultado de sucesivas alteraciones en las concepciones sobre la identidad de gênero o, en otras palabras, sobre las nuevas tareas o funciones sociales permitidas a las mujeres. Este cambio de sentido en la identidad ha dado lugar a crisis de identidad, no sólo en relación con el género, sino en todos los grupos sociales minoritarios (sobre todo los grupos raciales y étnicos). Así, la mayor preocupación es la falta de políticas públicas, especialmente las de carácter educativo, que se preocupan de orientar y difundir entre los individuos (hombres y mujeres), desde la infancia, la idea del reconocimiento y aceptación de las diferencias culturales y no sólo biológicas ente los gêneros para que, de esta manera, los cambios en las relaciones entre los géneros también aportan al desarrollo de la sociedad.


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Como citar este texto (NBR 6023:2002 ABNT)

MORAES, Fabio Trevisan. El género en la sociedad multicultural. Revista Jus Navigandi, ISSN 1518-4862, Teresina, ano 15, n. 2685, 7 nov. 2010. Disponível em: <https://jus.com.br/artigos/17776>. Acesso em: 23 jun. 2018.

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